Lo que comenzó como un video grabado desde un celular sencillo terminó convirtiéndose en una historia que recorrió barrios, grupos de WhatsApp y redes sociales en la capital tolimense.
Bajo un cielo gris y con la lluvia golpeando el techo de una vivienda de tabla a orillas del río El Tejar, María Martínez decidió hacer público su anhelo: que sus tres hijos pudieran volver al colegio con lo necesario.
No pidió dinero ni protagonismo. Solo explicó su realidad. Los morrales del año anterior estaban rotos, los uniformes desgastados y los útiles aún no llegaban. Las clases ya habían iniciado y, además, no contaban con transporte para llegar a la institución educativa. La angustia la llevó a grabar y compartir su situación, con la esperanza de que alguien escuchara.

El mensaje no tardó en encontrar eco. Entre quienes vieron el video estuvo el comandante de la Policía Metropolitana de Ibagué, coronel Édgar López. En medio de su jornada, el oficial observó la publicación y decidió actuar. Según se conoció, convocó a su equipo y activó una gestión rápida con el apoyo de la Policía Comunitaria.
En cuestión de horas, comerciantes, vecinos, patrulleros y ciudadanos se sumaron a la iniciativa. Se reunieron cuadernos, maletas, uniformes, zapatos y otros elementos escolares. La respuesta fue inmediata y demostró que la solidaridad puede organizarse cuando existe voluntad.
Para sorprender a la familia, el coronel López contactó a María por videollamada y la invitó, junto a sus hijos, al comando de la Policía. Un vehículo institucional llegó hasta el sector de La Cartagena, en la zona sur de la ciudad, para trasladarlos.

Al llegar al segundo piso del comando, la escena estaba preparada: tres bicicletas nuevas, una para cada niño, acompañadas de maletas equipadas, útiles completos y uniformes listos para estrenar. La emoción fue evidente. María, entre lágrimas, agradeció el gesto, mientras sus hijos probaban las bicicletas con sonrisas que hablaban por sí solas.
Más allá de la ayuda material, la historia dejó un mensaje que trascendió las redes sociales: pedir apoyo no es sinónimo de debilidad y la unión comunitaria puede cambiar realidades en poco tiempo.
En una ciudad conocida como la Capital Musical de Colombia, esta vez la noticia no fue un concierto ni un festival, sino un acto de empatía que devolvió la tranquilidad a una familia y permitió que tres niños retomaran su camino escolar con dignidad.
















