El cambio climático se ha convertido en uno de los principales desafíos para la salud pública en el departamento del Tolima.
El aumento de las temperaturas, las variaciones en los regímenes de lluvias y los eventos climáticos extremos están generando condiciones favorables para la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, así como el incremento de otros riesgos para la población.
De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), el aumento sostenido de la temperatura en Colombia ha favorecido la expansión de mosquitos transmisores de enfermedades hacia zonas donde anteriormente no se registraban estos riesgos. Esta situación ha sido relacionada con el incremento de casos de fiebre amarilla, dengue y otras enfermedades transmitidas por vectores.
En el Tolima, uno de los departamentos más vulnerables a la variabilidad climática, las altas temperaturas y las lluvias intermitentes facilitan la reproducción del mosquito Aedes aegypti, responsable de transmitir el dengue, el zika y el chikunguña. Asimismo, las modificaciones en los ecosistemas han favorecido la presencia de la fiebre amarilla en municipios donde históricamente el riesgo era menor, lo que ha llevado a fortalecer las estrategias de vacunación y vigilancia epidemiológica.
El cambio climático también incrementa la incidencia de enfermedades respiratorias debido al deterioro de la calidad del aire, favorece los golpes de calor durante las temporadas de temperaturas extremas y aumenta el riesgo de enfermedades diarreicas como consecuencia de las afectaciones en las fuentes hídricas tras inundaciones o sequías prolongadas. Los niños, adultos mayores, mujeres gestantes y personas con enfermedades crónicas son los grupos más vulnerables frente a estos eventos.
Frente a este panorama, las autoridades de salud reiteran la importancia de fortalecer las medidas de prevención mediante la eliminación de criaderos de mosquitos, la vacunación contra la fiebre amarilla en la población priorizada, el adecuado almacenamiento del agua, el lavado frecuente de tanques y recipientes, el uso de repelente y toldillos en zonas de riesgo, así como la consulta oportuna a los servicios médicos ante síntomas como fiebre, dolor muscular intenso, erupciones en la piel o coloración amarillenta de los ojos y la piel.
De igual manera, se hace un llamado a la comunidad para adoptar prácticas que contribuyan a mitigar los efectos del cambio climático, como el uso responsable del agua, la protección de los bosques, la adecuada disposición de residuos, la siembra de árboles y la reducción de emisiones contaminantes. Estas acciones no solo favorecen la conservación del medio ambiente, sino que también ayudan a proteger la salud de las comunidades y fortalecer la resiliencia del departamento frente a los desafíos climáticos.
El cambio climático ya está impactando la salud de los tolimenses. La articulación entre las instituciones, el sector salud y la ciudadanía será determinante para prevenir enfermedades, reducir los riesgos y proteger la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.














